-¿Estás feliz?
-No, solo es un reflejo de la gran emoción que siento dentro de mi entusiasmada alma por haber encontrado la esencia de lo que necesito.
-¿Estás feliz?
-Acaso, ¿debería?
-Por supuesto, pues dentro de mí, mis más íntimos sentimientos gritan. Y creo que tú deberías estar igual.
Con gran felicidad recuerdo estos días. También recuerdo esa conversación, y claro está, el motivo de porque sucedió.
Algunas veces puedo ser olvidadizo, no es muy común en mi pero se me he de otorgar.
El día en que ella me preguntó si estaba feliz fue uno de esos días en que tu miras al cielo y dices: ¡es una maravilla! Todo empezó en algún extraño lugar, del cual no tengo ninguna imagen ni tampoco recuerdo como llegar hasta allá o como se llamaba, pero sé que allí encontré lo que para algunos dirían fue, la desgracia de mi vida, para otros solo el empiezo del conocer. A mi parecer fue: mi vida.
El día en que ella preguntó, ¿estás feliz?, recuerdo que estábamos arregostados en su cama. El motivo fue una extraña experiencia vivida por los dos. Ese día empezó de una forma curiosa, al despertar observé mi celular y pues había recibido un mensaje, exactamente a como lo espera. El mensaje fue de Hellen, y fue un hermoso deseo buenas noches donde derrochó todo su amor y aprecio por alguien como yo, que para mi parecer en ese momento, no era más que una simple pieza rota de este inmenso juego.
Me dijo:
“Buenas noches. Lo que siento por ti lo hago desde el fondo de mi corazón, y lo haré por más que el tiempo pase. Creo que ya no puedo expresar tanto que siento, ¿es esto tan real que me hace estremecerme?, no lo sé pero estoy perdida, perdida en el amor que te tengo. Tu beso arde en mi, recordándome cada día que te amo y que te anhelo junto a mi”
Ese “te amo”, no funciono de la misma forma que los antes recibidos, sino me cambió la vida. Decidí emprender un día sin igual, decidí radiar. Para ese entonces ambos teníamos pocos años, éramos solo niños tratando de descubrir la causa de este mundo: el amor.
Cuando llegué al colegio que ambos asistíamos la vi, su sonrisa me cautiva, su caminar controla todos mis instinto. No pudimos hablar en ese momento.
Al llegar la tarde pudimos ir a su casa, estando recostados en su cama tuve un momento de debilidad, y recordé tanto de mi pasado como he sufrido. Ella me besó, y dijo: “no temas, estaré a tu lado sin importar lo que venga, tú eres mío y yo soy quien te cargará hacia la felicidad”, quedé absuelto en la más sincera caricia que jamás había recibido, y agradecí a los cielos por tenerla a ella allí y por haber nacido. Las lágrimas abandonaron mi rostro y una sonrisa de mi alma se reflejó en mi rostro, por eso ella preguntó: ¿estás feliz? Al parecer en ese momento el mundo entero suspiró para hacerme sentir la persona más especial.
A veces al despertar la siento, algunas otras me pregunto que habría sido del destino estando ella aun a mi lado.

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